Mientras Mendoza lucha contra la sequía crónica y la escasez de agua, la provincia de Buenos Aires enfrenta un fenómeno opuesto y desolador: el «exceso hídrico» masivo y las Inundaciones Buenos Aires. Este contraste climático no solo afecta a la región pampeana, sino que genera una «durísima consecuencia» económica que desata «gran miedo» en Mendoza y en el resto del país, afectando directamente la mesa de los argentinos a través de la inflación. El problema principal es la parálisis de la siembra gruesa.
El «gran miedo» se debe a que la provincia de Buenos Aires es el corazón productivo de la Argentina, especialmente en granos clave como el maíz y la soja. El exceso de agua ha inundado vastas extensiones de campos, forzando a los productores a retrasar o incluso suspender la siembra. Esta demora genera una «durísima consecuencia» en la cadena de valor: al haber menos granos disponibles, sube el precio de los commodities. Esto impacta directamente en Mendoza, donde el costo del maíz y la soja se traslada al precio de la carne de pollo, cerdo y vaca (animales alimentados con estos granos), y al costo de la harina (y, por lo tanto, del pan y las pastas).
La situación en la pampa húmeda, causada por lluvias extraordinarias fuera de la época, pone a Mendoza en alerta inflacionaria. Las Inundaciones Buenos Aires no es solo un desastre ambiental, sino un factor desestabilizador de precios que amenaza la frágil estabilidad económica del país.




