El perfil secreto de los crímenes familiares que desata gran miedo en Mendoza y nadie detecta

Los Crímenes Familiares son aquellos perpetrados por un miembro de la familia contra otro, siendo el parricidio, el matricidio o el femicidio intrafamiliar las manifestaciones más aterradoras. Un reciente informe criminológico de la Universidad Católica de Salta (UCASAL), enfocado en casos resonantes en Cuyo, arrojó el «perfil secreto» de los autores de estos hechos, un descubrimiento que desata «gran miedo» en la sociedad mendocina porque el asesino se encuentra, a menudo, escondido a plena vista.

El «perfil secreto» desmantela el mito del criminal antisocial y marginado. La mayoría de los autores de Crímenes Familiares estudiados en el informe son varones (en un 85% de los casos) de entre 35 y 55 años, con un historial laboral estable, bajo consumo de sustancias y, sorprendentemente, una alta funcionalidad social. Son personas que cumplen con sus roles, son bien vistos en sus comunidades y tienen pocos o ningún antecedente penal previo. Este camuflaje social es precisamente lo que desata «gran miedo», ya que hace imposible una detección temprana basada en estereotipos.

La clave del «perfil secreto» no es el comportamiento externo, sino el interno: un profundo narcisismo y un sentido de propiedad sobre la víctima que, al ser desafiado, genera una reacción explosiva. El asesino no actúa por rabia impulsiva, sino por la pérdida percibida de control sobre la vida o las decisiones de la víctima. El detonante de los Crímenes Familiares suele ser un evento que rompe el control (el pedido de divorcio, el abandono, la rebelión de un hijo o la revelación de una infidelidad). La UCASAL concluye que la prevención debe enfocarse en la detección de patrones de control y manipulación psicológica sutil antes de que se manifieste la violencia física letal.

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