La Legionella pneumophila, una bacteria ambiental, ha sido identificada como una amenaza creciente para la salud pública de Mendoza. Su hábitat perfecto son las torres de refrigeración y los sistemas de agua sanitaria de grandes edificios, como hospitales y hoteles, que proliferan en la provincia. El clima y las características de nuestra infraestructura urbana crean un caldo de cultivo del que poco se habla.
La enfermedad del legionario, su forma más grave, se contrae al inhalar vapor de agua contaminado, no por beberla. Sus síntomas iniciales –fiebre alta, tos y dificultad para respirar– se confunden fácilmente con una neumonía común, retrasando el diagnóstico correcto. Este año, el sistema de salud mendocino ha registrado un incremento del 30% en casos notificados, una cifra que los epidemiólogos consideran solo la punta del iceberg.
«El mantenimiento deficiente de los aires acondicionados centrales es el vector principal», advierte el Dr. Eduardo López, infectólogo del Hospital Central. «Con la llegada del calor, los sistemas se ponen en marcha sin la limpieza adecuada, liberando la bacteria al ambiente». La población de mayor riesgo incluye a adultos mayores, fumadores y personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Frente a este escenario, el Ministerio de Salud lanzó un protocolo de control obligatorio para todos los edificios con torres de enfriamiento. La normativa exige limpiezas periódicas con productos biocidas y la notificación inmediata de cualquier caso sospechoso. Sin embargo, la implementación es dispar y la concientización pública aún es baja.
Para proteger a las familias, los expertos recomiendan purgar las duchas y grifos que han estado sin usar por más de una semana, dejando correr el agua caliente por varios minutos. En el hogar, los equipos split no representan un riesgo, pero los sistemas centrales sí. La vigilancia comunitaria y el mantenimiento responsable son, por ahora, las únicas barreras efectivas contra este peligro silencioso que ya circula entre nosotros.


