Bolivia concretó un inesperado giro a la derecha con la asunción de Rodrigo Paz, un evento que reconfigura el mapa geopolítico sudamericano. Su primer discurso fue una crítica demoledora al socialismo del MAS y una apertura a las relaciones con Argentina.
La asunción de Rodrigo Paz como presidente de Bolivia no fue solo un cambio de gobierno, sino un giro político impensado en una nación dominada por el Movimiento al Socialismo (MAS) durante casi dos décadas. Paz, un liberal de centroderecha, sorprendió en las urnas y en su discurso de investidura, que fue una demoledora crítica al modelo económico y social de sus predecesores, generando asombro en toda la región.
El nuevo mandatario boliviano no dudó en denunciar el «saqueo silencioso» y la «asfixia burocrática» que, según él, dejaron las administraciones anteriores, prometiendo una reforma radical para liberalizar la economía. La ruptura con el modelo estatista es clara y total, incluyendo la revisión de los contratos de nacionalización de recursos estratégicos.
Para Argentina, este cambio tiene implicaciones directas. Históricamente, las relaciones con Bolivia se manejaron con lazos ideológicos. Con la llegada de Paz y la afinidad ideológica con el gobierno de Javier Milei, se abre una ventana para renegociar acuerdos comerciales, especialmente en materia de gas y energía. Paz hizo un guiño explícito a la Argentina, prometiendo «relaciones fluidas y basadas en el pragmatismo, no en el amiguismo ideológico». Este giro en Bolivia es una pieza clave en la reconfiguración del mapa político sudamericano, demostrando que el péndulo ideológico de la región sigue en movimiento.


