El titular que circuló fue impactante: un conductor en Guaymallén superó el límite máximo que el alcoholímetro puede medir. Sin embargo, la historia detrás de este hecho, que paralizó a los oficiales de tránsito, es mucho más oscura y revela un patrón de consumo extremadamente peligroso que va más allá de una simple borrachera. No fue solo vino o cerveza; fue una combinación calculada para alcanzar un estado de euforia que casi termina en tragedia.
Fuentes del Ministerio de Seguridad confirmaron que el test realizado al hombre de 42 años arrojó un error en la pantalla del dispositivo Dräger, lo que indica una concentración de alcohol en sangre superior a los 3.0 gramos por litro, seis veces el máximo permitido y un nivel considerado potencialmente letal por los médicos. Pero lo que el informe toxicológico posterior reveló es el verdadero foco de alerta para las autoridades: el individuo no solo había consumido una cantidad masiva de vino, sino que lo había mezclado con bebidas energizantes y, presuntamente, con un ansiolítico de venta bajo receta.
El Cóctel «Apagón»: Una Bomba de Tiempo al Volante
Los expertos en toxicología lo llaman el cóctel «apagón» o «blackout». La combinación de un depresor del sistema nervioso como el alcohol, con un estimulante como la cafeína de las bebidas energizantes, crea una falsa sensación de control. El conductor se siente despierto y eufórico, sin percibir el nivel real de intoxicación y la drástica disminución de sus reflejos. Si a esto se le suma un psicofármaco, los efectos se potencian de manera impredecible, anulando casi por completo la capacidad de juicio y coordinación.
El conductor, que fue detenido tras realizar maniobras temerarias que casi provocan una colisión frontal en el Acceso Este, no recordaba gran parte de lo sucedido. Este es el efecto más siniestro de la mezcla: genera amnesias temporales, borrando de la memoria del individuo las acciones más peligrosas que cometió.
Un Patrón que Crece y Preocupa
Este caso de récord de alcoholemia en Mendoza ha dejado de ser una anécdota para convertirse en la cara visible de un problema creciente. Las autoridades sanitarias advierten que el consumo combinado de alcohol con otras sustancias se está volviendo una práctica común, especialmente los fines de semana. No se trata de un simple exceso, sino de una búsqueda de efectos alterados de la conciencia que son incompatibles no solo con la conducción, sino con cualquier actividad social segura.
La Justicia ahora deberá determinar la carátula, que podría pasar de una simple infracción vial a un delito por creación de una situación de peligro manifiesto. Mientras tanto, el caso sirve como una cruda advertencia. El peligro en las calles ya no es solo quien bebe de más, sino quien, conscientemente o no, convierte su cuerpo en un laboratorio químico y su vehículo en un arma. El alcoholímetro se «rompió», pero la vida de un inocente estuvo a punto de romperse para siempre.




