La medición de caudal del Río Mendoza arrojó niveles históricamente bajos, exponiendo un lecho de piedras que no se veía desde la década del 90. Esta imagen desoladora activa la nostalgia de los mendocinos que recuerdan la abundancia de agua en su infancia.
El Río Mendoza es el alma de la provincia, la fuente de vida y el sustento de la vitivinicultura. Sin embargo, las mediciones hidrológicas recientes no solo confirman la magnitud de la crisis hídrica, sino que exponen una imagen desoladora que ha golpeado la fibra sensible de los mendocinos. El caudal del Río Mendoza ha alcanzado el nivel más bajo en 30 años, dejando al descubierto vastas extensiones de su lecho que han activado una profunda nostalgia colectiva.
La imagen desoladora muestra el Río Mendoza reducido a un hilo de agua, con rocas y sedimentos que antes estaban sumergidos. El Departamento General de Irrigación confirmó que el aporte nival ha sido insuficiente y que la gestión de las escasas reservas se vuelve crítica. Ver el Río Mendoza en este estado, especialmente cerca de Potrerillos o Luján de Cuyo, genera una nostalgia por una época que parece haber quedado atrás.
La nostalgia no es solo por el paisaje. Para los mendocinos mayores de 40 años, el recuerdo del Río Mendoza caudaloso, donde se podía practicar rafting o simplemente disfrutar de playas improvisadas, es parte de la memoria de la infancia. La imagen desoladora de hoy es un recordatorio del fracaso en la conservación y de los efectos devastadores del cambio climático. La geógrafa Dra. Sofía Núñez comentó: «La nostalgia es un mecanismo de defensa ante la pérdida. Lo que estamos perdiendo no es solo agua, sino la certeza de que el recurso estará disponible para las futuras generaciones».
El Río Mendoza seco es el síntoma de una crisis profunda que afecta la agricultura, la ganadería y el consumo humano. La imagen desoladora debería ser un llamado de atención urgente a la conciencia colectiva. La nostalgia por el Río Mendoza del pasado debe transformarse en acción presente para garantizar que el futuro no sea completamente «seco». La lucha por el agua es la principal batalla que define la identidad de Mendoza, y la imagen desoladora es la prueba de que se está perdiendo.




