La fuerza de la Policía de Mendoza atraviesa un momento de profunda crisis interna marcada por una serie de suicidios de agentes jóvenes. El tercer caso en menos de seis meses, el de una joven madre en San Martín, ha desatado una «tristeza profunda» en la institución y ha puesto en evidencia un «misterio secreto» sobre la salud mental y las condiciones laborales que nadie parece querer o poder explicar abiertamente. Los expertos señalan que el estrés postraumático, la falta de apoyo estructural y la dificultad para pedir ayuda son factores clave que están afectando a la fuerza.
El «misterio secreto» de la Policía de Mendoza no son las muertes en sí, que son investigadas, sino la incapacidad de la institución para prevenir esta cadena de tragedias. A pesar de contar con un Departamento de Psicología Policial, los protocolos de asistencia y seguimiento de los agentes expuestos a situaciones traumáticas o con antecedentes de problemas de salud mental han demostrado ser ineficaces o insuficientes en la práctica diaria. La «tristeza profunda» se extiende porque las víctimas son, en muchos casos, oficiales con pocos años de servicio, lo que sugiere una rápida degradación de su bienestar emocional al enfrentar la realidad diaria del crimen, la violencia y la burocracia interna.
La Policía de Mendoza debe afrontar la realidad de un alto nivel de estrés por la exposición constante a la violencia, turnos agotadores, y la presión interna por resultados. Los especialistas en salud ocupacional de la fuerza exigen una revisión total de los protocolos de atención psicológica, argumentando que el apoyo actual es reactivo y no preventivo.


