El icónico Cerro de la Gloria en Mendoza, un símbolo de la gesta sanmartiniana, esconde secretos mucho más antiguos que la memoria del Cruce de los Andes. Un grupo de estudiantes de arqueología de la UNCuyo, durante una práctica de rutina en la ladera este, realizó un hallazgo que ha sido mantenido en secreto por las autoridades municipales debido al profundo Misterio que envuelve su contenido.
La excavación, a unos 50 metros de la base del monumento ecuestre, desenterró un pequeño cofre de madera petrificada, claramente de la época colonial tardía. El Misterio no reside en el cofre en sí, sino en su interior: no contenía joyas ni monedas, sino un conjunto de tablillas de arcilla grabadas con símbolos que, según los primeros informes, no corresponden al castellano antiguo ni a lenguas huarpes o puelches conocidas.
El municipio de la Ciudad de Mendoza, al ser notificado del hallazgo, reaccionó de forma inusual. En lugar de celebrar el descubrimiento, ordenó la suspensión inmediata de la excavación y el traslado del cofre a un lugar seguro, limitando el acceso a los investigadores. La orden de ocultar la información se justificó por el «riesgo de vandalismo» y la «necesidad de un análisis especializado», pero el ambiente es de un profundo hermetismo.
Fuentes internas del Museo Histórico Provincial sugirieron que los símbolos se asemejan a escrituras preincaicas, lo que reescribiría el conocimiento sobre la ocupación del valle de Cuyo. Si se confirmara, el Cerro de la Gloria no sería solo un hito sanmartiniano, sino un antiguo centro ceremonial de una civilización desconocida.
La decisión de la Ciudad de Mendoza de ocultar el hallazgo ha generado fricciones con la comunidad académica, que exige transparencia. El Misterio alimenta las teorías conspirativas: ¿Qué temor tiene el municipio a revelar un descubrimiento que solo aumentaría el valor patrimonial del Cerro de la Gloria? La sociedad mendocina merece saber qué tesoro histórico descansa bajo su monumento más querido.


