vEl sistema financiero argentino, anclado aún en el uso masivo del Cheque en Papel, se encamina a una transformación radical impulsada por el Gobierno nacional con el objetivo de transparentar las transacciones y ampliar la base impositiva. La inminente digitalización total del cheque, que será reemplazado por el e-cheq como único instrumento legal, ha generado «gran miedo» en el sector de las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) y los negocios tradicionales en Mendoza, que dependen del papel para sus operaciones diarias. El pánico se debe a un «dato secreto» clave en la gestión de control fiscal: el fin del anonimato parcial que permitía el formato físico.
El «dato secreto» es que la digitalización completa del Cheque en Papel elimina cualquier posibilidad de operar «fuera del sistema» o con un margen de discrecionalidad. Actualmente, un cheque físico puede circular varios días o incluso semanas antes de ser depositado, permitiendo a las empresas gestionar flujos de caja y timing impositivo con cierta flexibilidad. El e-cheq, en cambio, obliga a que toda operación quede registrada de forma instantánea y permanentemente en las bases de datos de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y, en el caso de Mendoza, en la Administración Tributaria Mendoza (ATM) a través del organismo de recaudación ARCA.
El «gran miedo» de las Pymes mendocinas, especialmente en los sectores agrícola y comercial, se centra en la pérdida de control sobre la cadena de pagos y el aumento de la fiscalización. Muchos negocios, acostumbrados a un sistema mixto de efectivo y papel, deberán adaptarse rápidamente a una contabilidad 100% digital y rastreable. Los expertos financieros, si bien aplauden la medida por su transparencia y la reducción del riesgo de fraude y cheques sin fondos, advierten sobre la necesidad de un período de adaptación prolongado para evitar que el cambio tecnológico estrangule el flujo de caja de las Pymes menos digitalizadas.


