El futuro del largamente negociado Acuerdo Mercosur-UE entró en una nueva fase de incertidumbre total después de que Francia reiterara su negativa a ratificarlo sin «líneas rojas» claras de protección. La decisión se basa en exigencias proteccionistas y ambientales que complican el panorama exportador de Mendoza.
El optimismo por la pronta ratificación del Acuerdo Mercosur-Unión Europea se evaporó tras la categórica negativa de Francia a firmar el tratado en sus términos actuales. El anuncio, realizado por la ministra de Agricultura francesa, desató una fuerte incertidumbre en Argentina, especialmente en Mendoza, que veía en el acuerdo una puerta de oro para sus exportaciones vitivinícolas y frutícolas.
El motivo de la resistencia de Francia es doble:
- Proteccionismo Agrícola: Los agricultores franceses temen la competencia de productos sudamericanos (como la carne y ciertos granos), que consideran que se producen bajo estándares menos costosos.
- Cláusulas Ambientales: El gobierno francés exige garantías más estrictas sobre la deforestación y el uso de pesticidas, algo que el Acuerdo Mercosur actual no satisface completamente sin las llamadas «líneas rojas» de protección. La ministra de Agricultura francesa advirtió que el tratado «condenaría» al sector agrícola francés.
La incertidumbre que genera la postura de Francia es crítica porque, sin su ratificación, es muy difícil que el acuerdo sea aprobado por el resto de la Unión Europea. La Cancillería argentina ha iniciado gestiones diplomáticas de urgencia para intentar negociar cláusulas específicas que satisfagan las demandas francesas sin desvirtuar el espíritu del acuerdo original.
Para Mendoza, la noticia es un golpe. El sector del vino, en particular, esperaba una reducción o eliminación de aranceles en el mercado europeo. La incertidumbre obliga a los exportadores mendocinos a seguir operando bajo las viejas reglas, perdiendo competitividad. El futuro del Acuerdo Mercosur ahora pende de un hilo, sujeto a las exigencias proteccionistas de un solo país clave en Europa, demostrando que la batalla es más política que comercial.


