El informe oficial de la Dirección General de Irrigación sobre el escurrimiento de los ríos ha generado máxima preocupación en Mendoza, confirmando el panorama más sombrío de los últimos años. Se prevé que la falta de agua sea crítica en el próximo verano, obligando a un racionamiento más estricto.
La Dirección General de Irrigación (DGI) de Mendoza ha presentado su Pronóstico de Escurrimientos para la temporada 2025-2026, un informe que desató una justificada preocupación en toda la provincia. La conclusión es contundente: el caudal de agua de los principales ríos será bastante menor que el de la temporada pasada, que ya fue considerada un año seco en términos históricos. El déficit de nieve en la alta montaña es la causa principal de esta crisis hídrica que impactará directamente en el sector agrícola y el consumo urbano.
El informe de la DGI, basado en la medición de la nieve acumulada en las cuencas del Mendoza, Tunuyán y Atuel, obliga a la provincia a declarar la emergencia hídrica por un nuevo ciclo consecutivo. La preocupación se centra en el Valle de Uco y el Sur mendocino, zonas altamente dependientes del riego que verán reducidos drásticamente los turnos de entrega de agua. Esto afectará el rendimiento de la Vendimia y la producción de frutales.
El valor de este informe es la planificación: la preocupación debe convertirse en acción inmediata. La DGI ya anunció un endurecimiento en las multas por derroche de agua y la promoción de sistemas de riego más eficientes (como el goteo). La provincia debe afrontar el desafío de cómo maximizar la poca agua disponible.
Consecuencias Inmediatas de la Falta de Agua:
- Racionamiento Urbano: Aunque el consumo humano es prioridad, se esperan restricciones en el riego de parques y jardines y campañas de concientización extremas.
- Cierre de Canales: La DGI deberá implementar cierres nocturnos y programados de canales para evitar la evaporación, una medida que genera fricción con los productores.
- Amenaza a la Cosecha: Los productores de ajo, vid y frutales del secano son los más vulnerables, con pérdidas de cosecha casi garantizadas si no implementan tecnología de riego de bajo consumo.
La preocupación es que este patrón de baja acumulación nival se ha vuelto una constante en la última década. El pronóstico de agua escasa confirma que Mendoza debe cambiar su matriz productiva y cultural. La crisis hídrica ya no es una advertencia, sino una realidad que exige la máxima responsabilidad ciudadana.


