La correcta gestión de los recursos públicos es una demanda constante de la ciudadanía, y en Mendoza, una auditoría reciente desató un escándalo mayúsculo. El informe de la Auditoría General de la Provincia reveló la existencia de una Obra Inútil en el departamento de Godoy Cruz, un proyecto de infraestructura que costó varios millones de pesos y que desató «indignación» total entre los contribuyentes por su absoluta falta de funcionalidad, sumada a una pésima planificación y ejecución. El caso es un ejemplo paradigmático de despilfarro.
La Obra Inútil en cuestión es un puente peatonal de grandes dimensiones, con una estructura de hierro y hormigón, construido sobre una arteria de bajo tránsito, a escasos 50 metros de un semáforo ya existente y un cruce de peatones perfectamente funcional. El proyecto se licitó y ejecutó bajo la promesa de mejorar la seguridad vial para los estudiantes de un colegio cercano, sin embargo, el análisis de flujo de peatones nunca justificó una inversión de tal magnitud. La «indignación» del público se debe a que, a pesar de su elevado costo final, el puente no solo es innecesario, sino que se ha vuelto un monumento al gasto superfluo.
Lo más grave del «escándalo de la Obra Inútil» es que la estructura nunca fue habilitada al público. El informe de auditoría encontró fallas en el diseño de las escaleras, que no cumplían con las normas de seguridad antisísmica, y una falta total de rampas adecuadas para personas con movilidad reducida, lo que incumple con la Ley Nacional de Discapacidad. Los vecinos de Godoy Cruz, que habían celebrado la inversión inicial, ahora lo usan como un sarcástico punto de referencia, y las autoridades municipales han tenido que vallar la zona, dejando la estructura sin uso y deteriorándose.


