El reciente informe de la UNCuyo, que revela que el 40% de los aspirantes a ingresar a sus colegios preuniversitarios obtuvo una nota inferior a cuatro en el examen de Matemática, no es una estadística; es una bofetada de realidad. Este dato, lejos de culpar a los alumnos, apunta directamente a la crisis estructural que carcome la educación secundaria en Mendoza. La indignación se justifica al ver que miles de estudiantes egresan sin las herramientas básicas para afrontar el nivel académico superior, un fracaso colectivo que pagaremos como sociedad.
La UNCuyo, con su prestigioso sistema de ingreso, se convierte involuntariamente en el termómetro de la calidad educativa. Cuando casi la mitad de los postulantes no puede resolver problemas que son, en esencia, contenidos troncales del ciclo secundario, la pregunta ya no es si los chicos estudian, sino qué y cómo se les está enseñando. Expertos locales señalan que la pandemia aceleró una tendencia preexistente: la flexibilización de los criterios de promoción y una enseñanza enfocada en la aprobación más que en el aprendizaje profundo.
La raíz del problema, según pedagogos consultados, se encuentra en la falta de horas efectivas dedicadas a materias de alta complejidad como Matemática, y en la sobrecarga administrativa que desvía el foco del docente. Un sistema que promueve automáticamente sin asegurar la comprensión, condena a la frustración a la generación que busca entrar a la UNCuyo o cualquier otra universidad. La brecha entre lo que se espera y lo que se entrega es insostenible.
El camino a seguir requiere medidas de choque y no parches. Es urgente revalorizar la formación docente, invertir en material didáctico de calidad y, sobre todo, recuperar el rigor en las evaluaciones. El fracaso de este 40% en el examen de la UNCuyo no es el fin del camino para ellos, sino una señal de alarma para las autoridades provinciales. Si no se actúa con firmeza ahora, la próxima generación de profesionales mendocinos enfrentará un déficit de conocimientos que impactará negativamente en la economía y el desarrollo regional. Es hora de dejar de lado la autocomplacencia y enfrentar la dura verdad que arrojan estos números: Mendoza necesita reformar urgentemente su sistema educativo.


