El mercado cambiario argentino despertó hoy con una sacudida que puso en alerta a todos los tenedores de pesos: el Dólar Blue no solo subió, sino que pulverizó el piso psicológico de los $1.450, cerrando la jornada en un nuevo máximo. Este valor, que los economistas del establishment veían recién para el primer trimestre del próximo año, se alcanzó en un contexto de incertidumbre política y una demanda creciente por cobertura, provocando un temblor inmediato en la cadena de precios.
La superación de la barrera de $1.450 es crítica porque desancla las expectativas inflacionarias. Históricamente, cada vez que el dólar paralelo perfora un número redondo significativo (como lo fue el $1.000 o el $1.200), la inercia del mercado empuja a que en las siguientes 72 horas los formadores de precios (mayoristas, importadores y distribuidores) activen sus listas de remarcación. Las consecuencias para el ciudadano de a pie serán tres e inmediatas:
Primero, el ajuste de combustibles. Las petroleras, que dolarizan sus costos, anticiparán subas por encima de la inflación general para equiparar la devaluación en el mercado libre. Segundo, el impacto en alimentos no perecederos, cuya producción depende de insumos importados. El aceite, el arroz y los productos enlatados sufrirán un shock de precios que será visible antes del fin de semana. Tercero, y más grave, la pérdida de valor del plazo fijo. La tasa de interés actual, aunque alta, ya no compensa la velocidad a la que el Blue licúa los ahorros en pesos, empujando a los pequeños ahorristas a una desesperada carrera por dolarizar sus tenencias. Este es el momento de revisar tu estrategia de inversión.


