La noticia golpeó fuerte en el corazón del fútbol mendocino: Juan Pablo “Pollo” Videla falleció dejando tras de sí un legado imborrable. Su trayectoria, tanto en el campo de juego como en los banquillos, está marcada por la entrega, la pasión y un amor incondicional por el deporte.
Como jugador, Videla se destacó en Luján Sport Club, institución que lo vio crecer y consolidarse como un central aguerrido y respetado. Su paso como futbolista no solo le dio prestigio, sino que lo convirtió en referente de una generación de hinchas y jóvenes que lo tomaron como ejemplo.
Ya como director técnico, Videla alcanzó un hito inolvidable al consagrar a Luján campeón de la Liga Mendocina en 2013. Ese logro fue celebrado como un momento histórico para la institución, y la imagen del Pollo levantando el trofeo quedó grabada en la memoria colectiva. Su capacidad para liderar grupos y transmitir confianza lo transformó en un estratega respetado en todo el ambiente.
Pero su aporte no se limitó a un solo club. También llevó a Murialdo a conquistar el campeonato Apertura, dirigió equipos en Córdoba y fue parte de cuerpos técnicos en San Luis y en ciclos destacados de Gimnasia. En cada lugar donde estuvo dejó huellas visibles, demostrando que el fútbol para él era mucho más que un trabajo: era un motor de vida.
Los mensajes de despedida que inundaron las redes sociales reflejan esa conexión emocional con la gente. Compañeros, rivales, dirigentes y fanáticos resaltaron su calidad humana tanto como su talento deportivo. No se lo recordó únicamente por los títulos, sino por su capacidad de transmitir valores como la humildad, la perseverancia y el compromiso.
El vacío que deja su partida es profundo, pero al mismo tiempo su figura se multiplica en cada relato. Videla fue un ejemplo de cómo el deporte puede unir comunidades, inspirar generaciones y dejar una marca más allá de lo estadístico. Su forma de vivir el fútbol, con la camiseta en el corazón y el esfuerzo como bandera, se convierte hoy en herencia para quienes siguen en la cancha.
Hablar del Pollo Videla es hablar de una época cargada de pasión auténtica. Sus gestos, sus enseñanzas y su espíritu competitivo seguirán vivos en las tribunas y en la memoria de los que lo vieron defender y dirigir. Aunque ya no esté físicamente, su nombre permanecerá ligado para siempre a la identidad futbolera de Mendoza.
El legado de Videla no es solo deportivo: es humano. Y esa es la razón por la cual, aun en medio de la tristeza, su recuerdo provoca una emoción poderosa, esa nostalgia que rescata lo mejor del deporte y lo proyecta hacia el futuro.


