La sequía sin piedad: el dato alarmante de Escurrimientos que pone en riesgo el agua de Mendoza

El Pronóstico de Escurrimientos 2025-2026 confirmó lo que se temía: habrá bastante menos agua que la temporada pasada, en lo que ya es un año crítico. El temor a un verano con restricciones de consumo ya sobrevuela el Área Metropolitana.

    El informe anual de la Dirección General de Irrigación (DGI) ha confirmado el peor de los temores para la provincia: la sequía sin piedad se consolida, y el dato alarmante de Escurrimientos proyecta un escenario de escasez de agua en Mendoza que pone en riesgo el recurso para los próximos años. El informe, que proyecta el caudal de los principales ríos de la provincia, generó un profundo miedo por las consecuencias que esto tendrá en el consumo diario y la producción agrícola.

    El dato alarmante indica que el promedio de escurrimiento de los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel será significativamente inferior al promedio histórico, consolidando un período de sequía que ya supera la década. El río Mendoza, vital para el Área Metropolitana, tendrá uno de los caudales más bajos de los últimos 50 años. Esta proyección de escasez de agua es el resultado de la falta de acumulación nival en la Cordillera durante el último invierno.

    El miedo se centra en dos frentes: el consumo humano y el sector productivo. En el Gran Mendoza, se prevén restricciones más severas en el uso de agua potable, especialmente durante el verano, con la posibilidad de cortes programados en zonas de mayor demanda. Para el sector agrícola (vitivinicultura, olivicultura), la DGI deberá aplicar cortes de riego más estrictos, afectando la producción y la economía de miles de familias.

    La escasez de agua en Mendoza exige la inmediata implementación de un plan de contingencia a largo plazo. El Gobierno ya ha anunciado medidas para mejorar la eficiencia del riego (entubamiento de canales) y campañas de concientización para el uso responsable. Sin embargo, el dato alarmante revela que la infraestructura actual es insuficiente para paliar la falta de recurso.

    Este pronóstico de sequía sin piedad es un llamado urgente a la acción. La provincia, históricamente un oasis, enfrenta su desafío hídrico más grande. El riesgo es que la falta de nieve se convierta en la norma, obligando a Mendoza a una adaptación drástica en sus modos de vida y producción.

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