El Gobierno Nacional ejecutó una maniobra silenciosa para frenar la instalación de una nueva antena del Radar Chino en la provincia de San Juan, vecina de Mendoza. Esta acción, que no tuvo comunicado oficial, disparó la intriga geopolítica y encendió las alarmas en Estados Unidos.
Una decisión ejecutiva de alto secreto del Gobierno Nacional frenó la avanzada de Beijing para instalar una nueva estación de seguimiento satelital, popularmente conocido como Radar Chino, en la provincia de San Juan, muy cerca de la frontera con Mendoza. La movida, revelada por Box Diario, generó una intensa intriga en el ámbito político y militar, dado el delicado equilibrio geopolítico de la región.
La base de la Intriga reside en la estación de Neuquén, ya operativa, que siempre fue objeto de sospechas por su doble uso: civil (seguimiento espacial) y militar (inteligencia). La propuesta para San Juan incluía un radar más moderno, lo que intensificó la preocupación de Estados Unidos por la supuesta capacidad de espionaje sobre el hemisferio sur. El gobierno argentino, buscando mejorar las relaciones con Washington, optó por la cautela.
Fuentes allegadas a la Casa Rosada indicaron que el freno al Radar Chino no es un rompimiento con Beijing, sino una renegociación de los términos de la presencia tecnológica. Se busca limitar el personal chino en el sitio y establecer una supervisión argentina más estricta sobre el equipamiento. Esta intriga diplomática se convirtió en un test de fuego sobre la alineación internacional del país.
En Mendoza, la noticia es relevante por la cercanía con San Juan y por el interés en la tecnología que rodea a este tipo de instalaciones. La intriga local también se centra en si el gobierno provincial fue informado a tiempo. El caso del Radar Chino demuestra que la tecnología, la soberanía y la intriga política van de la mano en el tablero internacional.


