Descubren la antigua bodega perdida del Valle de Uco y el vino que elaboraban

Un equipo de geólogos que realizaba estudios de suelo encontró los cimientos y las galerías subterráneas de una bodega anterior a 1900, oculta por un alud hace más de un siglo. El análisis de los restos cerámicos y la documentación familiar promete revivir la memoria del vino que se bebía en Mendoza a fines del siglo XIX.

    El Valle de Uco, conocido hoy por sus bodegas de vanguardia y Malbecs de altura, guarda secretos bajo su tierra que despiertan una profunda nostalgia por el pasado vitivinícola de Mendoza. Recientemente, un hallazgo accidental ha sacudido la comunidad: el descubrimiento de los restos de una «bodega perdida», un establecimiento anterior a 1900 que fue sepultado por un gran alud a principios del siglo pasado y olvidado por la historia. Este tesoro arqueológico promete no solo contar una nueva historia del Valle de Uco, sino también revelar el perfil del vino que bebían nuestros bisabuelos.

    El descubrimiento se produjo en una finca al sur de Tunuyán, cuando una empresa de geología realizaba perforaciones para un nuevo proyecto de riego. Bajo metros de sedimento, encontraron estructuras de piedra seca, antiguas vasijas de barro (tinajas) y los cimientos de lo que fue una gran sala de fermentación. El elemento más conmovedor fueron los restos de una pequeña oficina donde se conservaban libros de contabilidad y, crucialmente, la etiqueta original de un vino que se llamaba El Tesoro del Padre.

    El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) tomó cartas en el asunto, enviando a un equipo de historiadores. El análisis de los libros de bodega reveló que El Tesoro del Padre era un assemblage (corte) de variedades que hoy son minoritarias o casi olvidadas, como la Criolla Grande y la Moscatel Rosado, combinadas con un Malbec más rústico y menos concentrado que el actual. La nostalgia se cierne sobre la idea de probar ese sabor ancestral, un perfil que era común en la época, ligero, frutado y con mayor acidez.

    El Dr. Pedro Alarcón, historiador del INV, explicó que el valor del hallazgo va más allá del vino. «Esta bodega perdida del Valle de Uco nos da una ventana a la vida rural de la época. Muestra la tecnología artesanal, el uso de tinajas de gran tamaño y una filosofía de producción más ligada al consumo familiar y local que a la exportación». La excavación continúa con la esperanza de encontrar barricas de madera que puedan contener esporas de las levaduras originales, lo que permitiría a los enólogos modernos recrear con precisión el terroir y el estilo de ese vino de antaño.

    El objetivo ahora es transformar el sitio en un museo de sitio, honrando la memoria de los pioneros del Valle de Uco. Este descubrimiento no solo es una noticia emocionante para los amantes del vino, sino un recordatorio palpable de que bajo el suelo que pisamos y donde crecen las vides de hoy, se esconde una historia rica y profunda. El vino de la nostalgia está a punto de ser desenterrado, y con él, un pedazo de la identidad mendocina.

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