Una investigación internacional liderada por el CONICET reveló un patrón genético único en el centro del país que se mantuvo inalterado desde hace más de ocho milenios. Este asombroso hallazgo no solo reescribe la historia de la población, sino que también tiene implicaciones cruciales para la medicina personalizada en la región.
Un hito para la arqueogenética regional: científicos del CONICET, en el marco de un estudio internacional, han descubierto un asombroso «componente genético» propio del centro de Argentina, una firma de ADN que ha logrado persistir en la población por un período de tiempo que supera los ocho milenios. Este hallazgo, publicado en una prestigiosa revista científica, no solo genera asombro por su antigüedad, sino que transforma nuestra comprensión sobre los movimientos migratorios y la composición de los pueblos originarios de la región.
La investigación se basó en el análisis de restos arqueológicos antiguos combinados con el perfil genético de la población actual, demostrando una continuidad notable en la línea de descendencia. Los científicos lograron rastrear la secuencia específica de ADN, confirmando que este componente genético es único de la región que hoy abarca el centro de Argentina. El valor científico de este descubrimiento es inmenso: sugiere que las poblaciones que habitaron esta área desarrollaron una cultura y una identidad biológica que resistió las grandes olas migratorias posteriores, manteniendo una pureza o aislamiento genético prolongado.
Pero el impacto del «componente genético» no se queda en la historia. La promesa de valor se extiende a la medicina. Entender los patrones de ADN de una población con tanta antigüedad es crucial para el desarrollo de una medicina personalizada. Al conocer las predisposiciones genéticas históricas de la población central argentina, los investigadores podrán identificar variantes genéticas que hagan a esta población más o menos susceptible a ciertas enfermedades, o que modifiquen su respuesta a determinados fármacos.
La posibilidad de que una gran parte de la población actual de provincias como Córdoba, San Luis y Mendoza porte este rastro genético de ocho milenios de antigüedad es algo que produce un profundo asombro. Este trabajo del CONICET refuerza la necesidad de apoyar la ciencia básica, que a menudo desvela secretos que tienen implicaciones directas en la salud y la identidad nacional. La pregunta ahora es qué otras maravillas genéticas se esconden en el vasto territorio argentino, esperando ser reveladas por el incansable trabajo de los investigadores.


