La inseguridad urbana dio un giro oscuro con la aparición de un método sofisticado que el crimen organizado utiliza para neutralizar la defensa comunitaria. Este «perverso método» se basa en la ingeniería social y la sobrecarga del sistema, generando un enojo total en los vecinos.
La coordinación vecinal en Mendoza, materializada en las alarmas comunitarias, se enfrenta a un desafío perverso impuesto por grupos ligados al narcotráfico y el crimen organizado. Una denuncia presentada en Guaymallén reveló el método que están utilizando para inutilizar estos sistemas de seguridad, generando una profunda indignación y sensación de indefensión en los barrios.
El método es simple, pero efectivo: la sobrecarga de falsas alarmas coordinadas. Los grupos utilizan números de teléfono clonados o chips descartables para llamar al servicio de emergencia de la alarma vecinal (o al 911) con reportes falsos de robos o disturbios en zonas cercanas. El objetivo es doble:
1) Desgastar la reacción policial, que se acostumbra a los llamados falsos y llega más tarde a las zonas reales.
2) Generar confusión y saturar el sistema de la alarma, que suele desactivarse automáticamente por exceso de falsos avisos.
La indignación radica en que esta táctica demuestra que el crimen organizado ya no solo opera en la calle, sino que ataca la organización comunitaria. La solución inmediata, según los expertos en seguridad, pasa por la verificación de identidad en los sistemas de activación de las alarmas y la creación de un protocolo vecinal de «código secreto» para confirmar la urgencia de una alerta. El enojo es el motor para que los barrios de Mendoza refuercen sus estrategias ante esta nueva amenaza.


