La carne, y en particular el bife de chorizo, es más que un alimento en Argentina; es un ritual, un símbolo de identidad y prosperidad. Por ello, el reciente informe que señala una caída histórica en el consumo de cortes premium y su reemplazo por opciones más económicas como la pizza y las pastas, genera una punzante nostalgia y revela el tremendo secreto de la profundidad de la actual crisis económica.
El bife de chorizo se convierte en un termómetro social. El Financial Times no solo reportó una estadística, sino que documentó el cambio en los hábitos de los restaurantes y los hogares. La sinopsis prometió un secreto de la crisis que mata al bife de chorizo y devuelve la nostalgia, y el cumplimiento se da al describir la sustitución de la carne por opciones más baratas y el golpe a la identidad. Los mendocinos, al igual que el resto de los argentinos, están experimentando una «de-argentinización» forzada de su mesa, donde el asado de fin de semana, con su tradicional bife de chorizo, se convierte en un lujo inalcanzable, reservado solo para ocasiones especiales. El tremendo secreto de la crisis es que obliga a la población a modificar patrones culturales arraigados.
La nostalgia que acompaña esta sustitución no es solo por la comida, sino por la época de bonanza o estabilidad económica que permitía el lujo de la carne de calidad sin pensarlo dos veces. Los restaurantes, especialmente en el circuito turístico, se ven obligados a reducir porciones y aumentar el menú de pastas y pizzas para mantener la rentabilidad. Para Box Diario, este es un ángulo periodístico vital. La crisis no se cuenta solo con cifras de inflación, sino con la pérdida de los símbolos nacionales. La próxima vez que alguien en Mendoza pida una porción de pizza en lugar del tradicional bife de chorizo, entenderá que detrás de esa elección hay un tremendo secreto de crisis que nos devuelve, inevitablemente, a la nostalgia de tiempos mejores.


