La escasez hídrica en Mendoza es una preocupación central que amenaza la matriz productiva y la vida diaria de los mendocinos. Sin embargo, el gobierno provincial acaba de anunciar el inicio de una Obra Hídrica de infraestructura clasificada temporalmente como «secreta» por su valor estratégico, un proyecto que desata una «gran esperanza» al prometer garantizar el suministro de agua para consumo humano y riego por un lapso de 50 años, mitigando el impacto de la megasequía.
La «Obra Hídrica» no es un nuevo dique visible en la superficie, sino un ambicioso proyecto de interconexión subterránea y almacenamiento. Consiste en la construcción de una serie de túneles y reservorios subterráneos profundos que conectarán tres de los principales embalses de la provincia, permitiendo la transferencia eficiente del recurso en tiempos de sequía extrema. El proyecto, valuado en cientos de millones de dólares, busca optimizar la gestión del agua disponible y evitar las pérdidas por evaporación, que son masivas en los embalses superficiales.
La «gran esperanza» se fundamenta en los estudios de ingeniería que aseguran una reducción de la pérdida de agua por evaporación de hasta un 60%, un factor crucial para un oasis como Mendoza. La Obra Hídrica subterránea, que está siendo construida bajo estrictas normas de seguridad y confidencialidad para evitar especulaciones en el mercado de tierras, no solo asegura el agua potable, sino que también revitalizará el sector vitivinícola y agrícola de Luján de Cuyo y Maipú, zonas afectadas por la baja presión de riego.


