La noticia del aumento boleto de colectivo en Mendoza tomó por sorpresa a miles de usuarios que utilizan el transporte público a diario. Lo que el Gobierno provincial no explica es la disparidad del porcentaje de aumento con respecto a otras jurisdicciones.
Mendoza ha amanecido con un nuevo golpe al bolsillo: el aumento boleto de colectivo, que elevó la tarifa mínima un 45%, superando con creces la inflación promedio. La indignación de los usuarios es generalizada, especialmente entre aquellos trabajadores que dependen diariamente del transporte público. Este ajuste se da en un contexto de retracción salarial, lo que hace que el costo del traslado se convierta en una carga insostenible para muchas familias.
La justificación oficial, esgrimida por la Secretaría de Servicios Públicos, se centra en la necesidad de actualizar la matriz de costos del transporte, afectada por la suba del combustible y los salarios. Sin embargo, el «gran misterio» que genera indignación es la fórmula utilizada. Analistas del sector de transporte local señalan que, incluso considerando los costos operativos, el porcentaje del aumento boleto parece desproporcionado comparado con ciudades vecinas.
El sistema de subsidios es el corazón de la controversia. El Gobierno asegura que mantiene un alto nivel de subsidio para evitar que el boleto sea aún más caro, pero la oposición argumenta que la falta de transparencia en la distribución de esos fondos a las empresas es la raíz del problema. Se sospecha que el aumento boleto excesivo podría estar financiando ineficiencias o compensando demoras en pagos estatales a las concesionarias.
Un relevamiento realizado por Box Diario muestra que un trabajador que toma dos colectivos diarios de ida y dos de vuelta gastará ahora cerca del 15% de su sueldo mínimo solo en transporte. Esta cifra es insostenible y obliga a las familias a realizar ajustes severos en otras áreas, como alimentación o salud.
Mientras la indignación crece, las autoridades se limitan a reiterar la necesidad de «sincerar» la economía del transporte. Pero para el ciudadano de a pie, esta sinceridad se siente como un castigo, y el misterio sobre la real necesidad de un aumento tan abrupto no hace más que alimentar la desconfianza pública. Los usuarios exigen una auditoría clara sobre los costos operativos y la distribución de subsidios antes de aceptar que el aumento boleto es la única solución.


