| En el imaginario colectivo, la proeza de demostrar que la Tierra era redonda suele atribuirse a figuras icónicas del Renacimiento o la Era de la Exploración, como Cristóbal Colón o, más comunes, Galileo Galilei. Sin embargo, la verdad histórica es que el conocimiento de la esfericidad de nuestro planeta es milenario, y el gran misterio de quién lo descubrió apunta a un sabio de la Antigüedad Clásica: Eratóstenes de Cirene . |
La sorpresa reside en la precisión de sus métodos. Mientras que los filósofos griegos (como Pitágoras y Aristóteles, siglos antes) ya teorizaban sobre una Tierra esférica basándose en observaciones astronómicas (como la sombra curva de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse), fue Eratóstenes, director de la Biblioteca de Alejandría en el siglo III aC, quien lo demostró empíricamente y calculó la circunferencia terrestre. Su método era brillante. Observó que en la ciudad de Siena (actual Asuán), en un solsticio de verano, el sol iluminaba el fondo de un pozo, indicando que estaba justo sobre su cabeza (ángulo de 0 grados). Al mismo tiempo, en Alejandría, ubicada al norte, la luz del sol formaba un ángulo de 7,2 grados. Utilizando la distancia conocida entre las dos ciudades y aplicando geometría simple (la distancia de un arco en una esfera), Eratóstenes calculó que la circunferencia de la Tierra era de aproximadamente 250.000 estadios, una cifra que, convertida a unidades modernas, se desvía de la medición satelital actual en menos del 2%. El descubrimiento real no fue la idea de la esfericidad, sino la capacidad de medir su tamaño con tan primitivos instrumentos.


