El drama silencioso del salario mínimo y el 15% de argentinos que no cubren la Canasta Alimentaria

Detrás de los gráficos de bonos y la cotización del Dólar, se esconde una realidad lacerante que toca la fibra más sensible de la sociedad mendocina y argentina: el drama del trabajador pobre. Un reciente informe ha arrojado un dato escalofriante: el 15% de los asalariados formales del país no logra cubrir con sus ingresos el costo de la Canasta Alimentaria básica. Este número no solo evidencia una crisis de ingresos, sino que despierta una profunda Angustia al confirmar que tener un empleo ya no es garantía de poder comer.

La Canasta Alimentaria mide el ingreso mínimo necesario para que un adulto cubra sus necesidades nutricionales básicas. El hecho de que uno de cada seis trabajadores registrados no alcance ese umbral es una anomalía económica y social. La razón principal reside en el estancamiento del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM), cuyo valor se ha congelado, mientras que los precios de los alimentos, especialmente en Mendoza, han continuado con su inercia alcista.

En la práctica, esto significa que miles de familias en nuestra provincia, a pesar de cumplir jornadas laborales completas, dependen de comedores, ayuda estatal o endeudamiento para llenar la heladera. La Angustia se intensifica porque el problema no es la falta de voluntad o la desocupación, sino la depreciación sistemática del Salario Mínimo frente a bienes esenciales como la leche, el pan y el aceite.

Los datos de la realidad mendocina son contundentes. Un relevamiento de precios de productos básicos muestra que la suba acumulada en lo que va del año supera con creces cualquier recomposición salarial que no haya sido por encima del SMVM. Este desfasaje crea una brecha insalvable: el sueldo se cobra en pesos devaluados y los alimentos se pagan a precios que responden a una lógica inflacionaria imparable.

El gobierno ha demorado la convocatoria al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil para discutir un nuevo aumento, perpetuando esta situación de Angustia e injusticia. La falta de una recomposición urgente y significativa del Salario Mínimo condena a una porción considerable de la fuerza laboral a la pobreza extrema. No se trata solo de un número, sino de la dignidad de las personas. Urge un plan económico que reconozca que un salario, para ser mínimo, debe al menos garantizar la alimentación de quien lo percibe. La Angustia de la mesa vacía exige una respuesta política inmediata y no puede seguir siendo un drama silencioso.

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