El regreso de las hipotecas UVA como solución habitacional esconde una trampa financiera que ya provocó la ruina de miles de familias en el pasado reciente. Expertos advierten que el nuevo sistema podría reactivar la angustia de la deuda impagable si la inflación se mantiene fuera de control.
El relanzamiento de las hipotecas UVA (Unidad de Valor Adquisitivo) ha sido recibido con una mezcla de cautela y angustia en el mercado inmobiliario. Si bien el crédito indexado ofrece la única posibilidad de acceder a un préstamo a largo plazo con una cuota inicial baja, el fantasma de la indexación por inflación sigue aterrorizando a los potenciales deudores, que recuerdan las penurias de los tomadores originales.
La angustia se justifica por la historia. Las hipotecas UVA, atadas a la inflación (CER), fueron diseñadas para mantener el valor del capital constante, pero en un contexto de inflación galopante, el capital adeudado creció exponencialmente, haciendo que las cuotas se volvieran impagables para miles de familias. El nuevo sistema promete una «cláusula stop inflacionaria», que limitaría el crecimiento de la cuota al aumento del coeficiente de variación salarial (CVS).
La verdad oculta, sin embargo, genera angustia en los economistas. Si bien el límite salarial es un parche, el capital adeudado sigue creciendo por la inflación. Esto significa que el deudor podría terminar de pagar la cuota «topeada», pero seguir debiendo un capital remanente mucho mayor al inicial. Es una hipoteca que se paga lentamente mientras el capital crece rápidamente, una situación que estresa cualquier planificación financiera.
El riesgo de las nuevas hipotecas UVA es que solo son viables en un escenario de estabilidad macroeconómica, con inflación baja y salarios que crecen por encima de los precios. En la Argentina actual, con alta inflación, el peligro de que la cuota topeada se dispare por la indexación anual o que el capital adeudado se vuelva impagable sigue siendo real.
Para los mendocinos que sueñan con la casa propia, la elección es terrible. Las hipotecas UVA son la única puerta de entrada al crédito, pero la angustia por un futuro incierto las convierte en una apuesta de alto riesgo. Antes de firmar, la recomendación es calcular no solo la cuota inicial, sino el impacto de una inflación sostenida a 20 o 30 años en el capital final adeudado. El sueño de la casa propia no debe convertirse en una pesadilla de deuda.


