Las relaciones entre Occidente y el gigante asiático han alcanzado un nuevo punto álgido, marcado por una escalada de tensión en el frente económico. El gobierno de China ha activado lo que los analistas denominan su «Plan B» en represalia por las sanciones tecnológicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. El cumplimiento de la promesa se da al detallar el Plan B y la guerra comercial.
El Plan B de China consiste en el control estricto y la restricción de exportaciones de dos grupos de minerales críticos: el germanio y el galio. Estos elementos son esenciales para la fabricación de semiconductores de alta velocidad, fibra óptica y componentes clave para vehículos eléctricos. Esta tensión se debe a la monopolización. Al limitar el suministro, China busca estrangular las cadenas de suministro. El tensión es palpable.
La medida es una declaración de guerra comercial. Las empresas tecnológicas occidentales ya están sufriendo un aumento exponencial en los costos de estos minerales, lo que amenaza la producción de smartphones, laptops y sistemas de defensa. La tensión se eleva.


