La igualdad sin goles en el clásico cuyano ante San Martín de San Juan no es un punto más, sino un puñal a las expectativas del hincha. Fue una noche de terror del Tomba que dejó una profunda frustración en el ambiente, ya que el empate ante San Martín no solo evidenció la falta de peso ofensivo, sino que complica su permanencia ahora en la máxima categoría. Si bien Godoy Cruz mantiene la ventaja sobre sus rivales directos en la tabla de promedios, los puntos que se dejaron escapar en casa pesan como una losa.
El partido se jugó con más nervios que fútbol. El Tomba, presionado por la necesidad de sumar de a tres, no logró romper el cerrojo defensivo del conjunto sanjuanino. La clave del problema es doble: la ineficacia en el último tercio de la cancha y la excesiva dependencia de individualidades que no aparecieron en su mejor forma. El equipo de Omar Asad generó pocas ocasiones claras y, cuando lo hizo, la falta de puntería o la figura del arquero visitante impidieron el desahogo.
El análisis de la tabla de permanencia es despiadado. Con este empate, la distancia respecto a los puestos de descenso sigue siendo corta y el margen de error para las últimas fechas se ha reducido a cero. Godoy Cruz necesita una cosecha mínima de 7 puntos en los próximos 12 que quedan en disputa para respirar con tranquilidad, una tarea titánica dada la dificultad de los rivales que le quedan por enfrentar, incluyendo un viaje complicado al Norte y la recepción de un equipo que pelea por el campeonato.
La frustración es palpable entre los jugadores y la dirigencia. El cuerpo técnico intentó inyectar ánimo con los cambios, pero la falta de ideas creativas fue una constante. El desafío ahora es mental: el equipo debe superar la presión del promedio y volver a encontrar la solidez defensiva y la chispa ofensiva que lo caracterizaron en la primera mitad del torneo.
La próxima fecha será crucial. Si el Tomba no logra sumar fuera de casa, la permanencia se definirá en una última jornada de infarto. Este empate no solo es un resultado deportivo, sino un recordatorio de que la lucha por quedarse en Primera División será agónica hasta el final, exigiendo el máximo esfuerzo de un plantel que sabe que tiene la obligación de mantener a Mendoza en la élite del fútbol nacional.


