El exministro de Planificación Federal, Julio De Vido, se entregó a la justicia para cumplir la condena por la trágica causa de Once, desatando una renovada «rabia» en los familiares de las víctimas. La noticia reavivó el debate sobre la responsabilidad política en una de las peores tragedias ferroviarias del país.
La entrega a prisión de Julio De Vido para cumplir su condena por el rol de la gestión en la Tragedia de Once no pasó desapercibida. Este evento, que marca un hito en la justicia argentina, reavivó un sentimiento de profunda «rabia» en la sociedad y, especialmente, en los familiares de las víctimas.
La «rabia» se debe a la demora en la ejecución de la pena. Para muchos, la justicia tardía en casos de corrupción con consecuencias fatales resulta inaceptable. Julio De Vido es una de las figuras políticas más emblemáticas del kirchnerismo y su ingreso a prisión, luego de años de apelaciones y procesos, simboliza una victoria amarga para quienes lucharon por que se hiciera justicia por las 52 muertes de Once.
El exministro fue condenado por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública. Aunque la condena por estrago culposo no fue firme en instancias superiores, la responsabilidad política de su cartera en la falta de control y la desinversión que derivaron en la tragedia es lo que provoca la «rabia» social. Los familiares de las víctimas argumentan que la falta de control y la corrupción son las causas de fondo del accidente.
La cobertura de Infobae sobre el hecho destaca la importancia de este paso judicial. El ingreso a prisión de Julio De Vido es un recordatorio doloroso de que la corrupción mata y que la «rabia» por la impunidad sigue viva. La noticia, aunque cierra un capítulo judicial, abre uno de reflexión sobre la ética pública y el castigo a la negligencia estatal en Argentina.


