Mendoza, por su ubicación cordillerana, vive bajo la constante amenaza sísmica. Si bien los movimientos de baja intensidad son habituales y sirven como una liberación gradual de energía, los sismólogos del INPRES (Instituto Nacional de Prevención Sísmica) han identificado un «misterio» en la actividad geológica reciente que desata «gran miedo» entre la población y las autoridades: la provincia está acumulando energía para un Sismo Mayor que está, estadísticamente, «fuera de tiempo» en el ciclo de las grandes fallas geológicas. Los datos satelitales confirman una presión tectónica creciente que no se ha liberado adecuadamente.
El «misterio» no es la certeza de un temblor, sino la inusual tranquilidad registrada en una de las fallas más grandes y peligrosas de la región de Cuyo, la Falla de Barrancas, ubicada en el piedemonte. Históricamente, esta falla presentaba microsismos y sismos de moderada intensidad cada cierto número de años, un mecanismo natural y deseable para evitar la sobrecarga. Sin embargo, en la última década, la actividad de esta falla ha sido casi nula, lo que sugiere que la energía tectónica proveniente de la subducción de la Placa de Nazca bajo la Sudamericana se está acumulando sin liberarse, preparando el terreno para un Sismo Mayor. Esta quietud es, irónicamente, la señal de alarma más potente para los expertos.
El «gran miedo» se justifica porque, si la Falla de Barrancas se liberara de golpe, el evento podría alcanzar una magnitud de 7.5 grados en la escala Richter, con un epicentro cercano a zonas densamente pobladas del Gran Mendoza. El INPRES advierte que, si bien es imposible predecir la hora o el día exacto, la acumulación de energía es un hecho geológico ineludible. Este panorama obliga a la provincia a intensificar los controles de edificación y a la población a revisar sus planes de emergencia. La única forma efectiva de mitigar el «gran miedo» y el riesgo es a través de la prevención: verificar la seguridad estructural de las viviendas, tener un kit de emergencia familiar siempre listo y realizar simulacros de evacuación constantes para que las acciones sean automáticas. Las autoridades insisten en que la infraestructura actual de Mendoza está preparada para un sismo fuerte, pero la educación civil es la primera línea de defensa.


