La rápida acción de la Patrulla de Rescate de Mendoza logró salvar la vida de un andinista que colapsó por el mal de altura en una zona de extremo peligro. El final feliz generó un alivio generalizado, pero también reabrió el debate sobre la imprudencia en el coloso de América.
El Cerro Aconcagua, el gigante de América, fue escenario de un dramático operativo de rescate que culminó con un inmenso alivio para la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza y la familia del andinista. La emergencia se desató cuando un deportista, cuya identidad no fue revelada por protocolo, sufrió un severo cuadro de mal de altura (edema pulmonar o cerebral) a 5.800 metros, en una de las zonas más inaccesibles y peligrosas de la ruta normal.
La operación de rescate Aconcagua fue contrarreloj. A esas alturas, la falta de oxígeno y las temperaturas extremas hacen que cada minuto cuente. El equipo, utilizando un helicóptero de altura y operando bajo condiciones climáticas adversas, logró estabilizar al andinista y evacuarlo de urgencia hacia la base. Su vida se salvó gracias a la profesionalidad y la rapidez de los rescatistas.
Sin embargo, el alivio tras el éxito del operativo vino acompañado de una dura advertencia. Los miembros de la Patrulla de Rescate hicieron hincapié en la creciente falta de preparación física y logística de algunos montañistas que se aventuran al Aconcagua. El mal de altura es previsible y a menudo está relacionado con una aclimatación inadecuada o un ascenso demasiado rápido.
La montaña no perdona la improvisación. Los rescatistas señalan que, si bien el deseo de alcanzar la cumbre es legítimo, la irresponsabilidad pone en riesgo no solo la vida del deportista, sino también la de los equipos de rescate. Es fundamental que los andinistas respeten los tiempos de aclimatación, porten el equipo adecuado y, sobre todo, sean honestos sobre su estado físico.
Este suceso resalta la importancia de la prevención y el respeto por la naturaleza. El rescate Aconcagua fue un éxito de coordinación, pero cada emergencia de este tipo genera un costo económico y humano elevado. El alivio generalizado debe transformarse en conciencia, entendiendo que el Aconcagua debe ser abordado con humildad y la máxima planificación.


