Un estudio de la OMS reveló que la mitad de los jóvenes menores de 25 años reporta niveles graves de ansiedad y depresión, generando una profunda empatía colectiva. Las cifras de esta crisis de salud mental son peores de lo que se creía en la era pospandemia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un informe escalofriante sobre el estado de la salud mental global en la población joven, encendiendo una luz roja que exige acción y, sobre todo, empatía. Los datos son categóricos: la llamada «Generación Z» está experimentando niveles de ansiedad y depresión nunca antes registrados.
El informe vincula esta explosión de malestar emocional a una combinación de factores. En primer lugar, la incertidumbre económica y ambiental. En segundo, la presión constante de las redes sociales, que actúan como un espejo distorsionador de la realidad, alimentando la comparación y la insuficiencia. Y, por último, el trauma no resuelto de la pandemia, que cortó lazos sociales cruciales en etapas formativas.
La respuesta de la sociedad no puede ser la estigmatización; debe ser la empatía. La crisis de salud mental juvenil no es una debilidad individual, sino un problema sistémico que requiere políticas públicas enfocadas y cambios culturales profundos. Es vital que se entienda que la ansiedad o la depresión no se curan con «echarle ganas», sino con apoyo profesional, acceso a terapia y un entorno comprensivo.
En Argentina, y particularmente en Mendoza, la situación se refleja en el aumento de las consultas a psicólogos y psiquiatras. Las escuelas y universidades están desbordadas. Es fundamental que, como comunidad, desarrollemos la empatía para escuchar sin juzgar. Preguntar «¿Cómo estás de verdad?» y estar dispuesto a escuchar la respuesta es el primer paso.
El informe de la OMS no es solo un diagnóstico; es un llamado a invertir en prevención y tratamiento. Los gobiernos deben asegurar la accesibilidad a servicios de salud mental. La sociedad debe dejar de lado el prejuicio. Solo a través de la empatía colectiva se podrá crear el espacio seguro que los jóvenes necesitan para sanar y construir un futuro emocionalmente estable.


