El Riesgo País, el índice que mide la sobretasa que un país debe pagar sobre la deuda de Estados Unidos, es el termómetro de la confianza internacional en la economía argentina. Recientemente, este indicador perforó el piso de los 600 puntos básicos, una caída que no se veía en años y que desató una oleada de «esperanza» en el mercado financiero y en los sectores productivos de Mendoza, como el vitivinícola. Si bien el Gobierno atribuye la baja a su ajuste fiscal y la pax cambiaria, existe un «asombroso secreto» que acelera esta tendencia y que se vincula a las negociaciones internacionales de divisas.
El «asombroso secreto» detrás del desplome del Riesgo País no es el ingreso de dólares de la city tradicional, sino la reactivación y ampliación de los acuerdos swap de moneda con China. Estos swaps permiten a Argentina acceder a una línea de financiamiento en yuanes para garantizar importaciones cruciales y, lo más importante, para utilizar parte de esos yuanes en el mercado de conversión a dólares, sin tocar las reservas líquidas del Banco Central. Esta maniobra técnica, aunque compleja, actúa como un «colchón de liquidez» que le da tranquilidad a los bonistas y reduce el pánico a un default inminente.
La «esperanza» en el mercado se traduce en un aumento del interés de los inversores extranjeros por los bonos argentinos. Al caer el Riesgo País, se abarata el costo de la financiación externa para el Estado y, por extensión, para las grandes empresas.


