El costo mensual de las Escuelas de Verano privadas se disparó un 60% respecto al año anterior, forzando a miles de padres a repensar la logística vacacional. Los precios varían drásticamente según la zona y si incluye pileta, lo que genera una gran preocupación por la desigualdad social.
La llegada de diciembre en Mendoza no solo trae consigo el calor, sino también la histórica preocupación de los padres por el destino de sus hijos durante el extenso receso escolar. Este año, el dilema es más profundo que nunca: el costo de las Escuelas de Verano ha sufrido un aumento interanual que supera el 60% en la mayoría de las instituciones privadas, volviendo el cuidado y la recreación estival un lujo inalcanzable para la clase media.
La preocupación se basa en las cifras. El costo promedio de una Escuela de Verano de jornada completa con pileta y actividades recreativas en el Gran Mendoza (Godoy Cruz, Luján, Ciudad) se ubica entre $70.000 y $120.000 pesos por niño al mes. Para una familia con dos o tres hijos, el gasto de diciembre a febrero supera fácilmente los $400.000 pesos, una cifra que compite directamente con el presupuesto de las vacaciones familiares.
Los padres mendocinos se enfrentan a un «dilema veraniego» que pone en jaque su economía y su logística laboral. La alternativa para muchos es la de dejar a los hijos al cuidado de abuelos o familiares, o recurrir a Escuelas de Verano municipales gratuitas, que a menudo tienen cupos limitados y una oferta de actividades más acotada. Esta realidad profundiza la preocupación por la desigualdad social, donde la calidad del ocio y el cuidado infantil dependen directamente del nivel de ingresos.
La inflación no solo afectó las cuotas; el costo del transporte, los materiales y, sobre todo, la merienda, se han disparado, obligando a las instituciones a trasladar el aumento a las tarifas. La directora de una Escuela de Verano en Maipú confirmó a Box Diario que el principal costo oculto es el mantenimiento de la piscina y los seguros obligatorios.
Ante esta situación, la preocupación se ha transformado en desesperación para muchos padres trabajadores que no tienen licencia en verano. Este dilema no es solo económico, sino de conciliación familiar, demostrando que en Argentina el derecho al ocio y al cuidado de los niños sigue siendo una carga financiera pesada.


