La tensión en los yacimientos escaló tras el fracaso de la última audiencia conciliatoria. El gremio decidió una retención de tareas que amenaza con afectar el suministro de combustible en todo el país.
El sector energético nacional se encuentra en estado de alerta máxima. El paro petroleros jerarquicos no es una medida más en el calendario gremial; es una respuesta contundente al estancamiento de las negociaciones por el impuesto a las ganancias y la recomposición de los ítems de zona desfavorable. Esta medida genera una profunda indignación entre los trabajadores, quienes sostienen que su esfuerzo en condiciones extremas se ve diluido por una carga impositiva que consideran injusta y desproporcionada respecto a otros sectores.
El impacto del paro petroleros jerarquicos es sistémico. A diferencia de los operarios de base, el personal jerárquico supervisa la seguridad y la logística técnica de los pozos. Sin su presencia, la producción debe detenerse por protocolo de seguridad, lo que genera una caída inmediata en los metros cúbicos de crudo inyectados al sistema. La indignación crece al observar que, a pesar de los récords de producción en Vaca Muerta, las condiciones laborales y el techo salarial no han seguido la misma curva ascendente, provocando que personal altamente calificado evalúe dejar el país.
Desde el sindicato, la postura es firme: el paro petroleros jerarquicos continuará hasta que haya una oferta que contemple el costo de vida real en las zonas petroleras. Para Mendoza, que cuenta con una importante actividad en el sur provincial, esta medida afecta directamente la recaudación por regalías y el movimiento económico de ciudades como Malargüe. La pulseada entre el gobierno y el gremio se encuentra en un punto de no retorno, donde la producción de energía del país queda como rehén de un conflicto que, según los trabajadores, podría haberse evitado con voluntad política temprana.


