La última actualización de cifras reveló una caída brutal que posiciona al país por debajo de sus vecinos. Este número no solo evidencia la pérdida de poder adquisitivo sino un quiebre en la comparación histórica.
El último informe comparativo sobre el valor del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) en la región sudamericana arrojó un dato lapidario para la Argentina: el país se ha ubicado en el último puesto del ranking, marcando un hito de retroceso en las últimas décadas. La devaluación acelerada del peso y la falta de un ajuste salarial que acompañe a la inflación brutal han pulverizado el poder de compra, dejando al sueldo básico por debajo de vecinos como Venezuela y muy lejos de economías más estables.
Medido en dólares al tipo de cambio oficial, el SMVM argentino se ubica hoy apenas por encima de los 150 dólares, dependiendo de la cotización diaria. Esta cifra lo sitúa muy por debajo de los topes regionales. Para dimensionar la catástrofe económica: Uruguay mantiene un salario mínimo que ronda los 570 dólares; Chile supera los 500 dólares, y hasta Brasil, con sus propias turbulencias, se mantiene por encima de los 260 dólares.
El economista Roberto Funes, consultado por Box Diario, no dudó en catalogar la situación como un «quiebre histórico». «Estamos hablando de un mínimo que apenas cubre la mitad de la Canasta Básica Total (CBT) para una familia tipo. La pérdida de valor es estructural, no coyuntural. El problema no es solo que el SMVM es bajo, sino que la velocidad de su caída ha sido inédita, superada solo por períodos de hiperinflación extrema,» explicó Funes.
Esta realidad no es meramente un número frío, sino que impacta de lleno en el día a día de millones de trabajadores, especialmente aquellos no sindicalizados o que dependen directamente del ingreso mínimo para subsistir. Un salario de $150 dólares al mes obliga a una subsistencia precaria, limitando severamente la capacidad de cubrir gastos esenciales como alimentos, transporte y alquileres, que se pagan en valores que se referencian al dólar.
La indignación crece en los sectores sociales y gremiales. Mientras el Gobierno Nacional insiste en que el ajuste es necesario para sanear las cuentas fiscales, la mayoría de los argentinos perciben que el costo de ese ajuste está recayendo desproporcionadamente sobre los hombros de los que menos tienen.
El panorama futuro tampoco es alentador. Para recuperar el terreno perdido y alcanzar un nivel de vida equiparable al de los países vecinos, el salario mínimo argentino debería triplicarse, algo que, dadas las actuales proyecciones macroeconómicas, se ve extremadamente lejano. La confirmación de ser el país con el salario mínimo más bajo de la región es un llamado de atención urgente sobre la necesidad de políticas que no solo miren el equilibrio fiscal, sino la dignidad del ingreso laboral.


