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    MuaA época dorada escondía una fórmula estética que hoy las mendocinas intentan recuperar desesperadamente

    Hubo un tiempo en Mendoza donde el estatus de una adolescente se medía por la cantidad de parches, glitter y colores neón que llevaba en su mochila. La MuaA época dorada, comprendida entre los años 2000 y 2010, no fue simplemente una etapa comercial, sino un movimiento cultural que transformó las veredas de nuestra provincia en una pasarela de rebeldía pop. Cada vez que una chica entraba a uno de sus locales, no buscaba solo una prenda, buscaba una armadura de identidad que la diferenciara del mundo adulto y la uniera a un grupo de pertenencia casi inquebrantable.

    La estética de MuaA en aquellos años se basaba en el exceso y la fantasía. Sus diseños desafiaban cualquier noción de minimalismo: pantalones de tiro bajísimo, remeras con inscripciones en cursiva con relieve y los inolvidables buzos con capucha que llevaban el logo de los labios o calaveras con moños rosas. Esta mezcla de «rockero y tierno» fue la clave que permitió a la marca conquistar el corazón de miles. En Mendoza, el ritual de los sábados por la tarde incluía visitar sus tiendas para ver qué nueva colaboración o línea de accesorios había llegado, convirtiendo el acto de compra en una experiencia sensorial completa, bañada por fragancias dulces que hoy cualquiera reconocería a metros de distancia.

    Lo que realmente hacía especial a la MuaA época dorada era su capacidad para crear objetos de deseo que trascendían la vestimenta. Las agendas escolares, los cuadernos perfumados y las cartucheras se volvieron elementos de culto en los colegios mendocinos. No se trataba solo de moda, era un estilo de vida que integraba la música, la fotografía de sus catálogos y una narrativa que hablaba el idioma de las adolescentes. Las campañas publicitarias eran aspiracionales pero cercanas, mostrando un mundo de amistad y libertad que todas querían habitar.

    Hoy, ese legado está viviendo un renacimiento inesperado. En las ferias americanas de la Quinta Sección o los locales de moda circular, las prendas de esa época se buscan con una intensidad febril. Las nuevas generaciones, impulsadas por la tendencia Y2K, intentan decodificar aquel lenguaje visual que combinaba el punk con el pop de una manera tan orgánica. Sin embargo, para quienes vivieron ese momento real, el valor de una campera de MuaA de aquellos años no tiene precio monetario; es una cápsula de tiempo que guarda los recuerdos del primer novio, las salidas al cine y las tardes interminables con amigas en la plaza.

    Desde Box Diario, rescatamos esta historia porque entendemos que la moda es el espejo de quiénes fuimos. La marca supo capturar la esencia de una juventud que no tenía redes sociales para mostrarse, pero que usaba cada costura y cada brillo para decir «acá estoy». Aunque las tendencias hayan cambiado y la industria sea hoy más sobria, el brillo de aquella época dorada sigue encendido en el recuerdo de cada mendocina que alguna vez se sintió invencible con un par de labios rosas estampados en su remera favorita.

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