Caminar por la Avenida San Martín o recorrer el Mendoza Plaza Shopping durante la primera década del 2000 implicaba, casi por obligación, detenerse frente a una vidriera que desbordaba color, rebeldía y una actitud inconfundible. Hablar de MuaA antes es invocar la era dorada de la moda adolescente en Argentina, una época donde la ropa no se elegía por comodidad, sino por el mensaje de pertenencia que enviaba al mundo. Para las mendocinas que hoy promedian los treinta años, esa marca representó el primer paso hacia la construcción de una identidad propia, lejos de la mirada de los adultos.
La estética de MuaA en aquellos años era una mezcla audaz de influencias: desde el estilo preppy de las series escolares hasta un toque de punk-pop que dominaba los rankings musicales. Los diseños se caracterizaban por el uso intensivo de apliques, bordados y, sobre todo, una paleta de colores que no conocía la discreción. Los pantalones de tiro bajísimo, las remeras con inscripciones en cursiva y los famosos buzos con capucha eran piezas fundamentales. Sin embargo, el secreto del éxito de MuaA antes no residía únicamente en la tela, sino en cómo la marca lograba que cada prenda se sintiera como un objeto de colección.
En Mendoza, el fenómeno alcanzó niveles de culto. Tener una prenda de la marca, o simplemente llevar la bolsa de cartón con el logo de los labios, otorgaba un estatus inmediato en los recreos. La marca supo leer antes que nadie que la adolescencia es un periodo de búsqueda, y ofreció un «uniforme» que permitía a las chicas sentirse parte de algo más grande. Las campañas publicitarias, protagonizadas por las modelos del momento, dictaban no solo qué ponerse, sino cómo peinarse y hasta cómo hablar. Era un universo 360 que incluía perfumes, accesorios y hasta artículos de librería que inundaban las mochilas de los colegios provinciales.
Lo que hoy genera una nostalgia tan profunda es el contraste con la moda actual, marcada por la sobriedad y el minimalismo de las redes sociales. En el mundo de MuaA antes, más era siempre más. Los parches de corazones, las calaveras con moños y las combinaciones de fucsia con negro eran la regla, no la excepción. Esa libertad creativa es lo que hoy las nuevas generaciones intentan rescatar en las ferias americanas de la calle Las Heras, buscando esos tesoros vintage que sobreviven al paso del tiempo como reliquias de una era de inocencia y explosión visual.
Desde Box Diario, entendemos que recordar estas marcas es abrazar una parte fundamental de nuestra historia cultural. MuaA no fue solo una tienda de ropa; fue el escenario donde muchas mendocinas ensayaron sus primeras rebeldías y sus mejores recuerdos de amistad. Aunque el estilo haya cambiado y la marca haya evolucionado, el eco de aquel «MuaA» original sigue resonando en los placares y en los corazones de quienes supieron que, en aquel entonces, una remera con glitter podía hacerlo todo posible.


