Una nueva modalidad de estafa digital ha encendido las alarmas en Mendoza, generando una profunda angustia entre las familias de jubilados. El blanco son los adultos mayores y la carnada es la promesa de «ganancias seguras y astronómicas» a través de un supuesto trading automatizado de criptomonedas. Los delincuentes, utilizando sofisticadas herramientas de inteligencia artificial para simular voces de bancos o familiares, logran acceder a las cuentas bancarias de las víctimas para, posteriormente, transferir sus ahorros a billeteras virtuales irrecuperables.
La clave de esta estafa reside en la ingeniería social y el factor sorpresa. Los estafadores llaman a la víctima haciéndose pasar por un «gestor de inversiones» de una entidad bancaria reconocida, o incluso por un familiar en apuros que necesita acceso rápido a una cuenta. La novedad es el uso de deepfakes de voz que imitan el tono y el acento de la persona suplantada, eliminando la principal defensa de la víctima: la duda. Una vez que obtienen las claves de home banking, el dinero es rápidamente convertido en criptomonedas volátiles (como tokens poco conocidos) y transferido a monederos anónimos. La velocidad del proceso no da tiempo a la víctima ni al banco para reaccionar, dejando solo angustia y cuentas vacías.
El problema se agrava porque las criptomonedas, al ser un activo descentralizado, ofrecen a los delincuentes un manto casi total de anonimato, dificultando extremadamente la tarea de la Justicia para rastrear los fondos. La Policía de Delitos Tecnológicos de Mendoza ha recibido más de 40 denuncias en el último mes con este modus operandi. Es vital que las familias tomen conciencia de la vulnerabilidad de sus mayores ante estas tecnologías. La angustia de los abuelos, que ven esfumarse los ahorros de toda una vida, es indescriptible.
Para evitar ser víctima de esta estafa con criptomonedas, la policía recomienda una regla de oro: nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe proporcionar una clave o código de acceso a nadie por teléfono, incluso si la voz suena familiar o el caller ID parece legítimo. Los bancos NUNCA piden estas claves por vía telefónica. Es fundamental educar a los adultos mayores sobre los peligros de estas «inversiones milagrosas» que prometen multiplicar los ahorros sin riesgo. La mejor protección es la desconfianza inmediata ante cualquier llamada que solicite datos personales o acceso remoto al teléfono.


