El oscuro secreto de los supermercados que esconde la verdadera crisis del aceite de oliva mendocino

Productores locales denuncian un manejo turbio en las grandes cadenas de supermercados que provoca el desabastecimiento artificial. La rentabilidad de un sector clave de la economía de Mendoza está en juego por esta maniobra..

El aceite de oliva, un pilar de la producción y la identidad gastronómica de Mendoza, se enfrenta a una crisis que va más allá de la sequía y los costos. Productores de la región están levantando la voz contra lo que describen como una maniobra especulativa de las grandes cadenas de supermercados, que estaría manipulando el stock para inflar los precios y desincentivar la venta de productos locales. Esta práctica no solo golpea el bolsillo del consumidor, sino que asfixia a pequeños y medianos olivicultores. La emoción que envuelve a este conflicto es la indignación de una provincia que ve cómo su esfuerzo se diluye en estrategias de retail abusivas.

La queja central de la Cámara Olivícola de Mendoza es contundente: existe una retención deliberada de partidas de aceite. Mientras los precios en origen se han mantenido estables, o han subido en línea con la inflación real, el precio final en góndola se ha disparado de forma desproporcionada. La tesis es que, al crear una sensación de escasez –góndolas parcialmente vacías o con precios prohibitivos–, las cadenas fuerzan al consumidor a pagar cifras exorbitantes cuando el producto «reaparece» o, peor aún, a optar por aceites importados o de menor calidad que dejan márgenes de ganancia superiores a las grandes corporaciones. Esta estrategia es un golpe bajo a la confianza del consumidor y a la imagen de un producto de excelencia mundial como es el aceite de oliva mendocino.

Según el testimonio de Roberto Gómez, titular de una de las cooperativas más antiguas de Maipú, «Estamos produciendo y entregando. El problema no es la falta de aceite. El problema es la falta de voluntad de ponerlo en precio justo en la estantería». Gómez relata que las órdenes de compra de las grandes superficies han disminuido, y cuando compran, imponen plazos de pago leoninos, mientras ellos mismos venden el producto con márgenes de hasta un 300%. Esta disparidad genera una profunda asimetría en la cadena de valor, donde el trabajo del productor queda devaluado frente a la especulación del intermediario.

El impacto es doble: económico y social. Económico porque las olivícolas, muchas de ellas familiares o cooperativas, ven mermada su liquidez y su capacidad de inversión, poniendo en riesgo cosechas futuras y el mantenimiento de olivares históricos. Social porque el consumidor mendocino se ve privado de acceder a un producto básico de su dieta a un costo razonable, sintiendo la frustración de la impotencia ante los grandes monopolios. La solución, según los productores, pasa por una intervención más activa de los organismos de control de precios y competencia, que investiguen a fondo las dinámicas de stock y facturación en las grandes superficies. Exigen transparencia total en la cadena de comercialización.

El llamado de la industria es claro: el consumidor debe ser consciente de esta realidad. Si bien la escasez puede ser real en otros países por motivos climáticos, en Mendoza, la crisis del aceite de oliva parece ser, en gran medida, una crisis de distribución y codicia. Las autoridades deben actuar con rapidez para desmantelar cualquier práctica desleal que ponga en peligro uno de los sectores más nobles de la economía regional. La próxima vez que veas un precio disparado en la góndola, recuerda: puede no ser solo el costo, sino un secreto bien guardado que está socavando la producción local y tu derecho a consumir productos de Mendoza.

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