El teletrabajo y la masificación de las videollamadas trajeron consigo una comodidad innegable, pero también un nuevo vector de ataque que genera un profundo miedo: la estafa por Zoom. Esta modalidad de phishing evolucionó para ser más directa y letal, aprovechando la confianza de los usuarios en plataformas de comunicación cotidianas. El miedo reside en la velocidad y la audacia con la que se ejecuta el fraude.
El modus operandi es tan simple como efectivo: el ciberdelincuente contacta a la víctima haciéndose pasar por un empleado de soporte técnico bancario, un agente de AFIP o una empresa de servicios de telecomunicaciones. El cumplimiento de la promesa se da al describir el modus operandi detallado. Luego, el estafador utiliza un pretexto de «resolución de un problema urgente» o una «auditoría de seguridad» para solicitar a la víctima que comparta su pantalla o descargue un pequeño archivo. Al obtener acceso, generalmente a través de la función de control remoto de la propia aplicación o un software adicional, el estafador toma el control total de la computadora.
Mientras distrae a la víctima con preguntas triviales o información confusa, el delincuente ingresa a las aplicaciones bancarias, billeteras virtuales o home banking para realizar transferencias inmediatas o adquirir bienes con tarjetas. Todo sucede en menos de cinco minutos, tiempo suficiente para que la cuenta quede vacía. El miedo es real y la policía de Mendoza ya recibió las primeras denuncias. Para Box Diario, la clave es la prevención: los expertos en ciberseguridad advierten que ninguna entidad financiera solicitará jamás que se comparta la pantalla o se descargue un archivo en una llamada. La estafa por Zoom es un recordatorio de que la seguridad comienza en la desconfianza; ante cualquier solicitud de acceso, se debe cortar la llamada inmediatamente.


