En la última semana, el Gobierno no pudo frenar una ola inflacionaria que golpea con especial fuerza la canasta básica de la provincia. La carne, el aceite y los lácteos encabezan el ranking de los productos que ya son un lujo inalcanzable para la familia promedio en Mendoza.
La ola de Aumentos alimentos que azota al país ha impactado a Mendoza con una virulencia inusitada, generando una profunda frustración en los hogares. Los relevamientos de Box Diario en supermercados y comercios de cercanía confirman subas que, en algunos rubros, superan el 40% en solo treinta días, muy por encima de la inflación general. Este fenómeno no solo se debe al incremento del dólar, sino a una cadena de especulación y falta de control de precios que afecta la mesa de los mendocinos.
El problema es más complejo de lo que parece: no se trata de incrementos generalizados, sino de subas «ocultas» o segmentadas. Por ejemplo, los aceites comestibles, la leche de primera marca y los cortes de carne más populares (asado, vacío) registraron las mayores alzas. Esta lista oculta de Aumentos alimentos hace que las familias deban reestructurar su dieta, sacrificando proteínas y alimentos esenciales para llegar a fin de mes. La frustración es que mientras los salarios se negocian trimestralmente, los precios de los productos básicos se actualizan a diario.
La canasta básica en Mendoza, ya de por sí una de las más caras del país, se ha vuelto inaccesible para los sectores de ingresos medios y bajos. Las organizaciones de consumidores han pedido al Gobierno provincial que intervenga con urgencia, aplicando multas y controlando la cadena de valor, desde el productor hasta el minorista. El desafío del mendocino hoy es encontrar alternativas inteligentes: comprar en mercados mayoristas, buscar marcas blancas y reemplazar algunos productos por sustitutos más económicos. Sin embargo, la sensación de frustración persiste. Mientras la clase política debate medidas macroeconómicas, la realidad es que el aumento de hasta un 40% en insumos esenciales está vaciando silenciosamente el bolsillo de cada familia, comprometiendo no solo su economía sino también su nutrición.


