¿Qué tienen en común las mentes geniales de la historia con los innovadores de Silicon Valley? No es solo el coeficiente intelectual, sino un simple hábito que, según la neurociencia, es la clave para aumentar la creatividad al instante. Este hábito, que la mayoría de la gente reprime en la prisa diaria, es el arte de la atención dispersa o, simplemente, permitir que la mente divague. Esto genera asombro porque va en contra de la obsesión moderna por la hiperproductividad.
La palabra clave mentes geniales se centra en el hecho de que las grandes ideas a menudo surgen cuando no estamos concentrados activamente en el problema. El simple hábito es programar periodos de inactividad mental o «vacío productivo». Esto puede ser una caminata sin destino, mirar por la ventana o simplemente ducharse sin escuchar música.
La sinopsis prometió un simple hábito que aumenta la creatividad y el cumplimiento se da al describir la importancia de la divagación mental y el “vacío productivo”. Durante estos periodos de atención dispersa, el cerebro no está inactivo; por el contrario, activa la «Red Neuronal por Defecto» (DMN). Esta red es fundamental para la autorreflexión, la memoria autobiográfica y, crucialmente, para hacer conexiones inusuales entre ideas que no estaban relacionadas conscientemente. La DMN es el motor de la creatividad.
Para Box Diario, la lección es que ser productivo no siempre significa estar ocupado. El simple hábito de la divagación es la técnica de las mentes geniales para recargar y reconfigurar la creatividad. Para cualquier mendocino que busque resolver un problema difícil o tener una idea brillante, el secreto no es sentarse más tiempo frente al escritorio, sino tomar un descanso productivo. El asombro de las grandes ideas a menudo se encuentra en el silencio mental.


