El aceite de oliva virgen extra es reverenciado como un pilar de la longevidad y la salud cardiovascular. Sin embargo, existe un riesgo poco discutido y que la mayoría de los consumidores ignora: el tremendo peligro de consumir aceite de oliva vencido. Lo que muchas personas creen que es un simple cambio de sabor, es en realidad un proceso de oxidación química que convierte el aceite protector en un agente potencialmente dañino para la salud, especialmente para el sistema circulatorio.
La palabra clave aceite de oliva vencido no se refiere a un producto que «caduca» en el sentido estricto, sino que pierde sus propiedades beneficiosas y desarrolla compuestos nocivos. La oxidación es el proceso por el cual las grasas saludables, los ácidos grasos insaturados, reaccionan con el oxígeno, la luz y el calor. El resultado son los radicales libres y aldehídos. Estos compuestos son pro-inflamatorios y se han relacionado con el daño oxidativo de las células, incluyendo las que forman el delicado revestimiento de las arterias. Consumir este aceite rancio es, literalmente, sabotear el efecto protector que se busca.
La sinopsis prometió un tremendo peligro y el cumplimiento se da al detallar cómo la oxidación afecta directamente las arterias. La emoción de Miedo se justifica por la gravedad del riesgo arterial. ¿Cómo reconocerlo? Los expertos señalan que el aceite de oliva vencido no huele a fruta fresca, sino a crayón, nueces rancias o masilla. Visualmente, puede volverse más turbio o cambiar de color. La fecha de consumo preferente no es una sugerencia; es una advertencia de que, a partir de ese momento, la degradación se acelera.
Para Box Diario, la advertencia es crucial: la calidad del aceite de oliva de Mendoza y Argentina es excelente, pero su almacenamiento debe ser perfecto (lejos del calor y la luz) y su uso debe ser oportuno. No hay que guardarlo «para ocasiones especiales». El beneficio de sus polifenoles y antioxidantes se pierde con la oxidación. Es mejor comprar envases más pequeños y usarlos rápido, que correr el riesgo de que el oro líquido se convierta en una fuente silenciosa de daño para la salud cardiovascular al estar rancio.


