Si tu sueldo no alcanza, la respuesta está en los números: el 7% de inflación en Mendoza esconde picos brutales en alimentos esenciales que golpean tu bolsillo. La proyección para el penúltimo mes del año es aún más desalentadora y exige una estrategia para sobrevivir.
El dato oficial de la inflación Mendoza para octubre, que se ubicó en un preocupante 7%, encendió todas las alarmas. Sin embargo, detrás de ese promedio, los mendocinos experimentan una realidad mucho más dura: una escalada de precios en rubros esenciales que genera una profunda frustración en la planificación económica familiar. Este índice oculta los picos de aumento que realmente definen el poder adquisitivo de los salarios.
El análisis desagregado de los precios minoristas en la provincia revela que la mayor presión inflacionaria se concentró en dos categorías fundamentales: Alimentos y Bebidas, y Transporte. Dentro de la canasta alimentaria, productos básicos como la carne, el aceite y los lácteos superaron con creces el promedio general, registrando subas de hasta dos dígitos. Esto significa que para la clase media y baja, que destina la mayor parte de sus ingresos a la comida, la inflación Mendoza es percibida como mucho más alta que el 7% oficial.
La frustración se intensifica al mirar hacia el futuro. Los economistas locales, basándose en la inercia de la devaluación reciente y los ajustes tarifarios que se esperan, proyectan un noviembre con una suba de precios que podría superar el 9%. Este salto proyectado es consecuencia directa de la incertidumbre macroeconómica nacional, pero se siente con fuerza en los mercados mendocinos, donde la logística y los costos de flete por la suba de la nafta (vista en otra noticia) terminan de empujar los valores.
Para paliar esta situación, los especialistas recomiendan a las familias mendocinas enfocarse en la «compra inteligente»: buscar segundas marcas de calidad, aprovechar las ofertas de días específicos en supermercados y ferias, y reducir el consumo discrecional. No obstante, la solución de fondo requiere estabilidad macro.
El dato del 7% en octubre, aunque alto, es solo la punta del iceberg de una inflación Mendoza estructural. La preocupación de los consumidores se centra en la aceleración proyectada para noviembre, un mes clave que suele marcar la pauta para las negociaciones salariales y la planificación de gastos de fin de año. La frustración es el sentir dominante porque, a pesar de los esfuerzos, el bolsillo pierde la carrera contra los precios.


