La víctima, que logró salir con vida del infierno de la Ruta 7, describió los segundos previos y posteriores al impacto con una crudeza desgarradora. “Se quemaron vivos” es la frase que resume la magnitud de la tragedia.
El choque trágico Ruta 7 que cobró la vida de varias personas el pasado fin de semana en Luján de Cuyo ha dejado una marca imborrable en la memoria colectiva, magnificada ahora por el desesperante y escalofriante relato de una sobreviviente. La mujer, identificada como Carla M., viajaba en el vehículo menor que colisionó de frente con un camión de gran porte y, milagrosamente, logró escapar del infierno de llamas que se desató. Su testimonio, recogido por la Fiscalía de Tránsito, revela la crudeza de los segundos finales.
«Fue un estallido, la luz del camión que venía de frente, y después el fuego… puro fuego», declaró la sobreviviente choque desde el Hospital Central, donde se recupera de lesiones leves pero con un profundo shock psicológico. Su relato se centra en la impotencia de ver a sus acompañantes atrapados y las desesperadas súplicas por ayuda. La frase «se quemaron vivos», pronunciada con una tristeza indescriptible, resume la magnitud de la tragedia y el horror vivido en el kilómetro 1090 de la Ruta 7.
El fatal accidente, que involucró a un camión cisterna, se habría originado por una mala maniobra de adelantamiento, según las primeras pericias. La colisión fue tan violenta que provocó el derrame de combustible y el posterior incendio, transformando los restos de los vehículos en una trampa mortal. La sobreviviente choque logró desabrochar su cinturón y arrastrarse fuera del vehículo segundos antes de que las llamas la alcanzaran, un acto de supervivencia instintivo.
La investigación judicial avanza con el peritaje de los restos y el análisis de las cajas negras de los camiones para determinar la velocidad y la dinámica exacta del impacto. Mientras el chofer del camión es imputado por homicidio culposo agravado, la tristeza domina el ambiente. El relato de Carla M. sirve como un crudo recordatorio de la vulnerabilidad en las rutas mendocinas y la necesidad urgente de extremar las precauciones. Su vida se salvó, pero la carga emocional y la tristeza de lo presenciado la acompañarán para siempre.


