El reciente descarrilamiento de una formación del «Tren Sarmiento» en Liniers revivió el «miedo terrible» y la preocupación por la seguridad en el transporte público. El hecho dejó decenas de heridos y desató una fuerte advertencia sindical sobre el estado de las vías y la responsabilidad del gobierno.
Un descarrilamiento en la línea del «Tren Sarmiento», ocurrido cerca de la estación Liniers en Buenos Aires, volvió a poner el foco en la inseguridad del sistema ferroviario argentino, generando un «miedo terrible» entre los miles de pasajeros que utilizan ese medio a diario.
El «miedo terrible» es palpable. El accidente, que dejó una veintena de heridos, revivió el fantasma de tragedias pasadas, como la de Once. Los primeros informes judiciales y las declaraciones de La Fraternidad (el gremio de maquinistas) apuntan a posibles fallas técnicas o humanas, pero el trasfondo es la falta de inversión y mantenimiento. La Fraternidad lanzó un ultimátum al gobierno, advirtiendo que «si hay muertos, van a ir en cana», una frase que subraya la responsabilidad penal detrás de la precarización del servicio.
La justicia federal ha iniciado las pericias para determinar las causas exactas. La especulación se centra en la velocidad, el estado de las vías y el señalamiento. Mientras tanto, el servicio del «Tren Sarmiento» se ve interrumpido y miles de trabajadores se ven afectados por la demora.
Para la sociedad, este incidente es un recordatorio de que la promesa de un transporte público eficiente y seguro sigue incumplida. El «miedo terrible» solo se disipará con una inversión real y constante en infraestructura. Los usuarios exigen una respuesta inmediata que garantice la seguridad. El descarrilamiento no es solo un accidente, sino un síntoma de una crisis estructural que necesita solución urgente para devolver la confianza a los pasajeros.


