Lo que antes era un simple remedio casero de las abuelas mendocinas, ahora es respaldado por la ciencia como un gran aliado para el cerebro. Un reciente estudio reveló el «secreto ancestral» del té de romero que despierta una esperanza real para mejorar la función cognitiva y la memoria.
El romero (Rosmarinus officinalis) siempre ha sido valorado en la medicina tradicional. Ahora, el «secreto ancestral» del té de romero está siendo validado por la ciencia, despertando una «gran esperanza» para quienes buscan mejorar su memoria y rendimiento cognitivo de forma natural.
La esperanza reside en el compuesto activo principal del romero: el ácido rosmarínico y el 1,8-cineol. Estudios de la Universidad de Northumbria demostraron que inhalar el aroma del romero (y por extensión, beber su infusión) tiene un impacto directo en el cerebro. El 1,8-cineol ingresa al torrente sanguíneo y puede cruzar la barrera hematoencefálica, actuando como un inhibidor de la acetilcolinesterasa. Esta enzima descompone la acetilcolina, un neurotransmisor crucial para el aprendizaje y la memoria. Al inhibirla, el romero aumenta los niveles de acetilcolina en el cerebro.
Este mecanismo es similar al utilizado por algunos medicamentos para el Alzheimer, aunque en dosis mucho más suaves y naturales. El té de romero, por lo tanto, no solo ofrece beneficios antioxidantes y antiinflamatorios, sino que se convierte en una «gran esperanza» para mejorar la concentración y la retención de datos. Para los mendocinos, con acceso fácil a esta hierba, preparar una infusión diaria se presenta como un método simple y económico para potenciar la memoria.


