El ámbito de la salud mental se ha visto sacudido por la Indignación y la alarma a raíz de los cuestionados dichos del «Dr. Chinaski» sobre la posibilidad de incorporar el sexo dentro del marco de la Terapia psicológica. Las afirmaciones, consideradas una «grave falla ética» por las instituciones profesionales, han destapado un debate urgente sobre la necesidad de blindar la Ética Profesional y proteger a los pacientes de abusos de poder.
La polémica reside en la violación del principio fundamental de la Terapia: la abstinencia y la prohibición de cualquier tipo de relación sexual entre terapeuta y paciente. Este límite no es arbitrario; se basa en la profunda asimetría que existe en la relación terapéutica. El paciente, en un estado de vulnerabilidad y búsqueda de ayuda, desarrolla inevitablemente un fenómeno conocido como transferencia, proyectando en el terapeuta figuras de autoridad o afecto.
La Indignación del sector radica en que cualquier insinuación o práctica sexual aprovecha esta relación de dependencia y es un abuso de poder. Un terapeuta que cruza este límite no solo traiciona la Ética Profesional, sino que revictimiza y daña psicológicamente al paciente, aprovechándose de su fragilidad emocional. Los códigos de Ética Profesional de psicólogos y psiquiatras son unánimes: la relación sexual con un paciente es una falta gravísima que conduce a la inhabilitación profesional.
El caso del «Dr. Chinaski» ha servido para que las instituciones refuercen la advertencia sobre los peligros de estas prácticas. La Terapia es un espacio de contención, reflexión y curación, donde la confianza es el pilar. Si esa confianza se rompe con una violación ética de tal magnitud, se destruye la posibilidad de ayuda y se desacredita una herramienta de salud pública.
La Indignación que esto genera debe ser canalizada en una defensa activa de la Ética Profesional. Los pacientes deben saber que cualquier profesional que sugiera o promueva una relación sexual está incurriendo en un delito ético grave. Es fundamental que el público se informe y denuncie estas prácticas. El escándalo es una triste, pero necesaria, oportunidad para que la Terapia revalide sus fronteras y recuerde a los profesionales que su rol es curar la mente, nunca manipularla o abusar de ella.


