La designación de Diego Santilli como Ministro del Interior en el Gabinete de Javier Milei ha sido mucho más que un simple enroque de piezas: es el primer movimiento de un plan político de altísimo riesgo. La palabra clave es “cooptación”. Lo que se ha roto no es un acuerdo, sino un pilar estructural del PRO, partido del que Santilli se desvincula para sumarse a La Libertad Avanza. Este movimiento, gestado en las sombras por Santiago Caputo y la propia Karina Milei, busca pulverizar el núcleo opositor blando para blindar la gobernabilidad.
La verdadera misión de Santilli va más allá de la relación con los gobernadores. El ex diputado tiene la orden expresa de articular una reforma laboral y una nueva ley de coparticipación que el oficialismo no pudo siquiera negociar. El «plan ultrasecreto» consiste en usar a Santilli, un hombre con cintura política y nexos en el peronismo y el radicalismo, para desactivar los focos de resistencia provinciales, ofreciendo contraprestaciones específicas a los distritos más críticos.
La movida genera una enorme expectativa, especialmente en la provincia de Mendoza. El Gobernador Alfredo Cornejo, de larga trayectoria en el radicalismo y con una relación personal con Santilli, podría convertirse en un puente fundamental para la aprobación de leyes clave. La promesa implícita es que el «ala dialoguista» del PRO, ahora liderada por Santilli desde el Ejecutivo, tendrá un trato preferencial en la distribución de fondos discrecionales, mientras que los bloques puramente opositores verán reducido su margen de maniobra. Este es el verdadero juego de ajedrez detrás de la noticia, un jaque que podría definir si el presidente logra las herramientas legislativas que necesita o si su gestión se atasca en el pantano del Congreso. La expectativa es máxima sobre cómo reaccionará la oposición ante esta audaz fractura.


